1. Elegir el color equivocado
No creas que elegir el color de la pintura es tan sencillo como pueda parecer en un principio. Puedes pensar en un color azul para el dormitorio porque te gusta, pero hay muchos tonos de azul. Además has de tener en cuenta otras consideraciones, como cómo queda ese color cuando le da la luz natural. Puede que sobre el papel sea el adecuado, pero en una gran superficie puede resultar abrumador, etc…
Lo mejor es que hagas pruebas antes de ponerte a pintar sin ton ni son. Si dudas entre varios colores, pinta un pedacito de pared con cada uno de ellos y elige el que más te guste. Después, mira cómo quedan a la luz del día y también cuando sea de noche, con la luz artificial. Para ello, lo mejor es pedir muestras y hacer tantas pruebas como creas oportuno.
2. Usar material de baja calidad
Lo barato en ocasiones sale caro, así que en el caso de la pintura no escatimes en comprar un producto de buena calidad. Porque si no es así, probablemente tendrás que volver a pintar la habitación mucho antes de lo que pensabas. Es probable que se desconche más fácilmente o se estropee antes de lo que quisieras.
3. Usar una pintura no adecuada para la zona
También es importante tener en cuenta qué funcionalidad tiene la zona que quieres pintar y elegir la pintura adecuada a cada espacio. No es lo mismo una cocina, que el cuarto de los niños, el salón o el pasillo. En el mercado hay muchos tipos de pinturas. Desde pintura ecológica, pintura anti-manchas, pintura lavable….Debes elegir la adecuada.
Por ejemplo, para pintar la cocina es ideal la pintura lavable. Al igual que en el cuarto de los niños, donde pueden dejar volar su creatividad en las paredes. Mientras que para el pasillo, la pintura anti-manchas es perfecta dado su trasiego. Además, también está la opción de las pinturas ecológicas, o esas pensadas para evitar problemas de salud a personas con alergias o con problemas respiratorios, como asma.
5. Comprar demasiada pintura o quedarse corto
Suele pasar. O compramos litros y litros de pintura, que luego quedan guardados en un armario por si acaso la volvemos a necesitar, o nos quedamos cortos, con el consiguiente problema de tener que volver a comprar más y, si es un color personalizado, añadir un nuevo inconveniente.